





La espalda del ángel era fornida y de grandes alas,
pesadas,
fue la primera impresión,
luego su cabeza derrotada,
sobre ella irrumpía un cielo azul intenso,
miraba aquel cuerpo humano
inerte sobre el pavimento.
Las alas del ángel no pronunciaron una sola palabra,
estaban mudas
y su peso viril
se desplomaba opaco sobre su lomo
como petrólelo que mancha
los cuerpos aún en vida.
Su utilidad no era real,
era más bien una cruz.
Y TODO EL CIELO PESABA,
TODO EL CIELO PESABA SOBRE NUESTRAS CABEZAS.
Se me han acercado dos hombres de negro
meneando la cabeza con lástima,
¿erraste otra vez, Verónica,
otra vez manchaste tu manto
con sangre ajena?
¿Otra vez quisiste ser recipiente para
el Santo Grial?
Y como mi nombre es Verónica
no he podido sino correr.
Correr a refugiarme,
buscar un agujero hecho sólo para mí,
quisiera hacerme de un manto inmenso
y cubrirme con él para dormir tranquilo,
quisiera depositar mi rostro en un manto
y olvidarme de él.
¿Qué has hecho, por qué te compadeces
del hombre?
Es que no es el hombre quien me hace sufrir.
¡Hombre, ya estoy lejos!
¡Hombre, ya no existo de bienestar,
lo que queda de mí es residuo!,
mi nombre es Verónica
me es natural ausentarme.
¿Escuchaste alguna vez aquel susurro;
todo está bien si te quedas conmigo,
escuchaste tal vez ese susurro que soy yo,
como si alguien intentara apagar la vela
con un soplo insuficiente,
como si la fuerza de algunos
no fuese un poder concreto
para empujar la vida?
Ahí permanezco.
He visto dos hombres de negro,
tratarían de acorralarme a la vuelta,
no estaría preparado para el descenso acaso,
se me han acercado unos hombres
que desconozco,
por qué,
nunca hemos pertenecido a la misma horda.
Me han tomado del cuello,
me han hecho confesar,
¿A quién besaste Verónica?
Hemos visto a un niño y reconoció ser tu hijo,
no lo niegues de manera explícita.
Del manto ha caído una gota de sangre
y más tarde una semilla
se ha propagado por todo el globo,
mi nombre es sangre,
mi nombre es gota de mercurio,
se propaga por la sed de los pobres,
por el alma diletante del solo.
Y luego soy un soplo, un reflejo entre fantasmas
y luego lloro
una gota que cae de bruces al suelo.
dispuesto en un lugar invisible
invisibles se volvían todos los volúmenes
cremando con rabia los corazones restantes
aquellos residuos manifiestos de
humanidad
si permanecía oculto emanaría de mí
una ráfaga
y mi alma pregnaría Santiago de rojo
a veces creo ser un espasmo esporádico
a veces me manifiesto
y rompo todo cuanto me refleja
aquello que se movía, al abrir los ojos,
se transformaba en sangre
la vida era una arteria y
el hombre flujo
como hojas se desprendían los egos
como un sudor frío, de hombres fríos
como presenciar una naturaleza utópica
retratada en un cuadro demasiado bueno
pero absurdamente protegido
una rosa tenue
mira la catástrofe silenciosa
en silencio
la cosa le angustia
le teme a la vida
lee un pergamino
no existe en el registro
¡pero si creía estar viva!
y el ejecutor se hizo humo
se guardó en un cigarrillo y se consumió en
una boca
no hay responsables, no hay presencias
existe hoy en día el miedo
yo también lo he sentido.